miércoles, 8 de abril de 2015

¿Qué es la Psicología del color?



La psicología del color es un campo de estudio que está dirigido a analizar el efecto del color en la percepción y la conducta humana. Desde el punto de vista estrictamente médico, todavía es una ciencia inmadura en la corriente principal de la psicología contemporánea, teniendo en cuenta que muchas técnicas adscritas a este campo pueden categorizarse dentro del ámbito de la medicina alternativa.

Sin embargo, en un sentido más amplio, el estudio de la percepción de los colores constituye una consideración habitual en el diseño arquitectónico, la moda, la señalética y el arte publicitario.

Si bien la psicología del color tuvo incidencia en la psicología humana desde tiempos remotos, circunstancia que se expresaba y sintetizaba simbólicamente.

Entre muchos ejemplos, en la antigua China los puntos cardinales eran representados por los colores azul, rojo, blanco y negro, reservando el amarillo para el centro.

De igual forma, los mayas de América central relacionaban Este, Sur, Oeste y Norte con los colores rojo, amarillo, negro y blanco respectivamente.

En Europa los alquimistas relacionaban los colores con características de los materiales que utilizaban, por ejemplo rojo para el azufre, blanco para el mercurio y verde para ácidos o disolventes.

Uno de los primeros estudiosos que analizó las propiedades del color fue Aristóteles, que describió los “colores básicos” relacionados con la tierra, el agua, el cielo y el fuego.

Plinio el viejo abordó el tema del color en el libro 35 de Historia Naturalis, que constituye un conjunto que puede considerarse el tratado de historia del arte más antiguo que ha llegado hasta nosotros.

En el siglo XIII Sir Roger Bacon registró sus observaciones sobre los colores de un prisma atravesado por la luz, atribuyendo el fenómeno a las propiedades de la materia.

Con posterioridad a éste, entre los siglos XIV y XV, Cennino Cennini escribe el que sería el más famoso tratado de técnicas artísticas en las que hace cuidadosas observaciones acerca de los colores.

Más tarde Leonardo da Vinci clasificó como colores básicos al amarillo, verde, azul y rojo de acuerdo a aquellas categorías de Aristóteles, agregando el blanco como receptor de todos los demás colores y el negro -la oscuridad- como su ausencia.

Recién empezado el siglo XVIII, Isaac Newton plantearía los fundamentos de la teoría lumínica del color, base del desarrollo científico posterior.

De todas formas, el precursor de la psicología del color fue el poeta y científico alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) que en su tratado “Teoría del color” se opuso a la visión meramente física de Newton, proponiendo que el color en realidad depende también de nuestra percepción, en la que se halla involucrado el cerebro y los mecanismos del sentido de la vista. De acuerdo con la teoría de Goethe, lo que vemos de un objeto no depende solamente de la materia; tampoco de la luz de acuerdo a Newton, sino que involucra también a una tercera condición que es nuestra percepción del objeto. De aquí en más, el problema principal pasó a ser la subjetividad implícita en este concepto novedoso.

Sin embargo, tal subjetividad no radica en los postulados de Goethe, sino en la misma base física del concepto de color, que es nuestra percepción subjetiva de las distintas frecuencias de onda de la luz, dentro del espectro visible, incidiendo sobre la materia.

Hoy en día el estudio mas famoso basado en la teoría de los colores de Goethe es Psicología del color, de Eva Heller.

Este libro aborda la relación de los colores con nuestros sentimientos y demuestra cómo ambos no se combinan de manera accidental, pues sus asociaciones no son meras cuestiones de gusto, sino experiencias universales que están profundamente enraizadas en nuestro lenguaje y en nuestro pensamiento. Organizado en 13 capítulos que corresponden a 13 colores distintos, el volumen poporciona una gran cantidad y variedad de información sobre los colores: desde dichos y saberes populares, hasta su utilización en el diseño de productos, los diferentes tests que se basan en colores, la curación por medio de ellos, la manipulación de las personas, los nombres y apellidos relacionados con colores, etc.

La diversidad de este enfoque convierte a la obra de Eva Heller en una herramienta fundamental para todas aquellas personas que trabajan con colores: artistas, terapeutas, diseñadores gráficos e industriales, interioristas, arquitectos, diseñadores de moda, publicistas, entre otros.

Eva Heller es socióloga, psicóloga y profesora de Teoría de la Comunicación y Psicología de los colores. Ha escrito un libro sobre los colores para niños y ha publicado varias novelas en Alemania.

Fuente: PSICOLOGÍA DEL COLOR

Cortometraje Documental Animado "Psicologia del Color" from beto on Vimeo.

lunes, 6 de abril de 2015

Revista de Psicología de la Universidad de Chile

Portada

La Revista de Psicología es editada por el Departamento de Psicología de la Universidad de Chile desde el año 1990. Todos los artículos publicados durante estos 24 años de historia están disponibles de manera gratuita en esta página web.

Misión:

Desde la psicología, y con la perspectiva de contribuir al diálogo con otras disciplinas, se busca la difusión de artículos originales resultantes de proyectos de investigación, que aborden problemáticas contemporáneas relevantes, relativas a los tópicos generales de subjetividad, sociedad, cultura y comportamiento, que den cuenta de los avances en distintos campos de la disciplina, tales como psicología social, educacional, comunitaria, jurídica, organizacional, clínica y de la salud, neurociencias, evaluación, psicometría y metodologías de investigación psicosocial cuantitativas y cualitativas.

Enlace: Revista de Psicología, Universidad de Chile 

Ban pide a empresas y gobiernos incorporar a autistas al mercado laboral





















El 2 de marzo, Naciones Unidas celebrará el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, Foto: CARE/David Rochkind, Diseño: Kim Conger

02 de abril, 2015 — El Secretario General de la ONU afirmó que ha llegado el momento de incrementar el acceso y las oportunidades de trabajo para las personas con autismo.

En su mensaje por el el Día Mundial de Concienciación sobre esa condición, Ban Ki-moon aseguró que es profundamente alentador constatar el aumento de los servicios públicos destinados a muchos de los afectados.

“Las personas con autismo tienen un enorme potencial. La mayoría tiene extraordinarias habilidades visuales, artísticas o académicas. Gracias al uso de tecnologías de apoyo, las personas con autismo no verbal pueden comunicarse y compartir sus capacidades no aparentes. Reconocer el talento de las personas en el espectro autista, más que centrarse en sus debilidades, es esencial para crear una sociedad que sea verdaderamente inclusiva”, señaló Ban.

Sin embargo, reconoció que todavía es mucho lo que queda por hacer, pues 8 de cada 10 adultos con autismo están desempleados.

Por ello, convocó a empresas, instituciones públicas y a la sociedad en general a apoyar más a las personas que viven con esa condición, las cuales según diversos estimados son casi el 1 por ciento de la población mundial.

Fuente: Centro de Naciones ONU

martes, 10 de marzo de 2015

Las ruinas circulares

[Cuento. Texto completo.]
Jorge Luis Borges



Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

martes, 3 de febrero de 2015

Ver en exceso la televisión podría ser señal de depresión y soledad

Los investigadores afirman que pasarse horas y horas viendo la tele a menudo no es un diversión inofensiva

Robert Preidt

Imagen de noticias HealthDay

Ver la televisión en exceso se asocia con un sentimiento de soledad y depresión, según sugiere un nuevo estudio.

"Aunque algunas personas mantengan que ver la televisión en exceso es una adicción inofensiva, los hallazgos de nuestro estudio sugieren que no debería considerarse así", afirmó la autora del estudio, Yoon Hi Sung, en un comunicado de prensa de la Asociación Internacional de la Comunicación (International Communication Association).

El estudio contó con más de 300 personas. Tenían entre 18 y 29 años de edad. Los investigadores les preguntaron sobre sus hábitos con respecto a la televisión y sus estados de ánimo.

Cuanto más solitarias y deprimidas se sentían las personas, más probabilidades tenían de ver la televisión en exceso. Y las personas veían la televisión en exceso en un intento de distraerse de sus sentimientos negativos, según los investigadores de la Universidad de Texas, en Austin.

Los investigadores también hallaron que las personas que carecían de autocontrol tenían más probabilidades de ver la televisión en exceso. Eran incapaces de dejarlo incluso cuando sabían que tenían que hacer otras tareas.

"La fatiga física y los problemas como la obesidad y otros problemas de salud están relacionados con ver la tele en exceso y son algo de qué preocuparse. Cuando ver la tele en exceso se descontrola, los televidentes podrían empezar a descuidar su trabajo y sus relaciones con las demás personas. Aunque las personas saben que no deberían hacerlo, les cuesta resistirse al deseo de ver episodios continuamente", dijo Sung.

"Nuestra investigación es un paso adelante en la exploración de ver la tele en exceso como un fenómeno de medios de comunicación y social importante", concluyó Sung.

El estudio será presentado en la reunión anual de la Asociación Internacional de la Comunicación en Puerto Rico, que se celebrará a finales de mayo. Los hallazgos presentados en reuniones generalmente se consideran preliminares hasta que se publican en una revista revisada por profesionales.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: International Communication Association, news release, Jan. 29, 2015

HealthDay
(c) Derechos de autor 2015, HealthDay

miércoles, 14 de enero de 2015

El programa Head Start podría ayudar a luchar contra la obesidad infantil

El programa Head Start podría ayudar a luchar contra la obesidad infantil, según un estudio

Imagen de noticias HealthDay

La pérdida de peso en los años preescolares se atribuye al énfasis sobre la alimentación, el ejercicio y la estructura

Traducido del inglés: martes, 13 de enero, 2015
Imagen de noticias HealthDay
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Obesidad en niños

LUNES, 12 de enero de 2015 (HealthDay News) -- La preparación para la escuela no es el único beneficio que los niños pequeños pueden obtener de Head Start. Un nuevo estudio halla que los niños que participan en el programa preescolar de EE. UU. tienen un peso más sano en kindergarten que los niños de edad similar que no están en el programa.

En el primer año en Head Start, los niños obesos y con sobrepeso perdieron peso con mayor rapidez que dos grupos de comparación de niños que no estaban en el programa, hallaron los investigadores. De forma similar, los niños con un peso demasiado bajo aumentaron la masa muscular más rápidamente.

"Participar en el Head Start podría ser una estrategia efectiva y de amplio alcance para la prevención y el tratamiento de la obesidad en los niños en edad preescolar estadounidenses", dijo la investigadora principal, la Dra. Julie Lumeng, profesora asociada del Centro de Crecimiento y Desarrollo Humano de la Universidad de Michigan.

El programa Head Start, financiado por el gobierno federal, es gratis para los niños de 3 a 5 años que viven en la pobreza, y les ayuda a prepararse para el kindergarten. El programa está diseñado para crear relaciones familiares estables, mejorar el bienestar físico y emocional de los niños y desarrollar unas fuertes habilidades de aprendizaje.

Los beneficios para la salud, incluyendo la pérdida de peso, parecen ser una consecuencia del programa, dijo el Dr. David Katz, director del Centro de Investigación y Prevención de la Universidad de Yale.

"Este estudio sugiere, y esto es importante, que algunas de las mejores estrategias para controlar el peso y promover la salud podrían tener poco que ver directamente con ambas", dijo Katz, que no participó en el estudio.

Head Start podría aportar una rutina estructurada y supervisada de la que se carece en casa, sugirió Katz. "Quizá el programa fomente mejor la salud mental en los niños, lo que a su vez lleva a comer mejor", dijo.

"Independientemente de cuáles sean los mecanismos exactos, al fomentar el bienestar de un modo, tendemos a fomentarlo de otros modos, incluso sin proponérnoslo", señaló Katz. "La esencia de este estudio es la naturaleza holística de la salud social, psicológica y física".

Casi una cuarta parte de los niños con edad preescolar en Estados Unidos tienen sobrepeso u obesidad, y las tasas de obesidad de los que participan en Head Start son más altas que los estimados a nivel nacional, indicaron los autores del estudio. Dado que la obesidad en la infancia tiende a continuar hasta la adultez, a los expertos les preocupa que estos niños estén en riesgo de problemas futuros de salud.

Para realizar el estudio, el equipo de Lumeng recogió los datos de más de 43,700 niños en edad preescolar de Michigan entre 2005 y 2013. Más de 19,000 participaban en Head Start. La información del resto (5,400 de los cuales estaban en Medicaid, el programa de seguro financiado con dinero público para los pobres) provino de dos grupos de atención sanitaria primaria. No se indicó si estos niños participaban en otro programa preescolar.

Al inicio del estudio, aproximadamente un tercio de los niños que estaban en Head Start eran obesos o tenían sobrepeso, frente al 27 por ciento de los que estaban en Medicaid y menos del 20 por ciento de los niños que no estaban en Medicaid.

"Aunque los niños del grupo de Head Start empezaron el periodo de observación siendo más obesos, con el mismo sobrepeso, y con menor peso del normal que los niños de los grupos de comparación, al final del periodo de observación los niños que inicialmente estaban obesos y tenían sobrepeso de Head Start tenían notablemente menos obesidad y sobrepeso que los niños de los grupos de comparación", escribieron los autores.

Lumeng dijo que el énfasis en la buena nutrición y el ejercicio podría explicar parcialmente la ventaja percibida en Head Start.

"Los programas de Head Start deben adherirse a unas directrices dietéticas específicas", dijo. "Quizá sirvan a los niños comidas más saludables en Head Start que a los otros niños".

Además, Head Start requiere una cierta cantidad de juego activo al día, dijo Lumeng. "Así, los niños que atienden a Head Start podrían tener más oportunidades de realizar actividad física que otros", explicó.

La rutina diaria podría traducirse en menos tiempo delante de la televisión y unos horarios de sueño más regulares, señaló. "Sabemos que dormir mejor está relacionado con menos obesidad", añadió.

"[También] podría ser que cuando los niños van a Head Start, se reduce el estrés en casa y se libera tiempo y recursos en casa para dedicarlos a unos patrones de alimentación más sanos", indicó.

El informe aparece en la edición en línea del 12 de enero de la revista Pediatrics.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Julie Lumeng, M.D., associate professor, University of Michigan Center for Human Growth and Development, Ann Arbor, Mich.; David Katz, M.D., M.P.H., director, Yale University Prevention Research Center, New Haven, Conn.; February 2015 Pediatrics

Publicado en: HealthDay
(c) Derechos de autor 2015, HealthDay

lunes, 5 de enero de 2015

TDAH: guía para padres sobre medicamentos



¿Es difícil que su hijo se esté quieto? ¿Su hijo actúa sin pensar primero? ¿Empieza por hacer algo y no lo termina? Si es así, es posible que padezca del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Casi todas las personas a veces muestran algunas de estas conductas, pero el TDAH persiste más de 6 meses y causa problemas en la escuela, el hogar y en circunstancias de carácter social.

El TDAH es más común entre los niños que entre las niñas y afecta entre el 3 y el 5% de los niños en los Estados Unidos.

Las principales características del TDAH son:

  • Falta de atención
  • Hiperactividad
  • Impulsivida

No se sabe exactamente cuál es la causa del TDAH. Existe una tendencia familiar, de modo que puede haber factores genéticos. Algunos factores ambientales también pueden influir.

Una evaluación completa realizada por un profesional capacitado es la única manera de saber con seguridad si su hijo padece de TDAH. El tratamiento puede incluir medicinas para controlar los síntomas, terapia o una combinación de ambos. La estructura del hogar y la escuela también son importantes. El entrenamiento para los padres también puede ayudar.

Descargar guía para padres

NIH: Instituto Nacional de la Salud Mental
Fuente: Asociación Psiquiátrica Americana, Academia Estadounidense de Psiquiatría del Niño y del Adolescente - PDF



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