martes, 10 de marzo de 2015

Las ruinas circulares

[Cuento. Texto completo.]
Jorge Luis Borges



Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido... En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

martes, 3 de febrero de 2015

Ver en exceso la televisión podría ser señal de depresión y soledad

Los investigadores afirman que pasarse horas y horas viendo la tele a menudo no es un diversión inofensiva

Robert Preidt

Imagen de noticias HealthDay

Ver la televisión en exceso se asocia con un sentimiento de soledad y depresión, según sugiere un nuevo estudio.

"Aunque algunas personas mantengan que ver la televisión en exceso es una adicción inofensiva, los hallazgos de nuestro estudio sugieren que no debería considerarse así", afirmó la autora del estudio, Yoon Hi Sung, en un comunicado de prensa de la Asociación Internacional de la Comunicación (International Communication Association).

El estudio contó con más de 300 personas. Tenían entre 18 y 29 años de edad. Los investigadores les preguntaron sobre sus hábitos con respecto a la televisión y sus estados de ánimo.

Cuanto más solitarias y deprimidas se sentían las personas, más probabilidades tenían de ver la televisión en exceso. Y las personas veían la televisión en exceso en un intento de distraerse de sus sentimientos negativos, según los investigadores de la Universidad de Texas, en Austin.

Los investigadores también hallaron que las personas que carecían de autocontrol tenían más probabilidades de ver la televisión en exceso. Eran incapaces de dejarlo incluso cuando sabían que tenían que hacer otras tareas.

"La fatiga física y los problemas como la obesidad y otros problemas de salud están relacionados con ver la tele en exceso y son algo de qué preocuparse. Cuando ver la tele en exceso se descontrola, los televidentes podrían empezar a descuidar su trabajo y sus relaciones con las demás personas. Aunque las personas saben que no deberían hacerlo, les cuesta resistirse al deseo de ver episodios continuamente", dijo Sung.

"Nuestra investigación es un paso adelante en la exploración de ver la tele en exceso como un fenómeno de medios de comunicación y social importante", concluyó Sung.

El estudio será presentado en la reunión anual de la Asociación Internacional de la Comunicación en Puerto Rico, que se celebrará a finales de mayo. Los hallazgos presentados en reuniones generalmente se consideran preliminares hasta que se publican en una revista revisada por profesionales.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: International Communication Association, news release, Jan. 29, 2015

HealthDay
(c) Derechos de autor 2015, HealthDay

miércoles, 14 de enero de 2015

El programa Head Start podría ayudar a luchar contra la obesidad infantil

El programa Head Start podría ayudar a luchar contra la obesidad infantil, según un estudio

Imagen de noticias HealthDay

La pérdida de peso en los años preescolares se atribuye al énfasis sobre la alimentación, el ejercicio y la estructura

Traducido del inglés: martes, 13 de enero, 2015
Imagen de noticias HealthDay
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Obesidad en niños

LUNES, 12 de enero de 2015 (HealthDay News) -- La preparación para la escuela no es el único beneficio que los niños pequeños pueden obtener de Head Start. Un nuevo estudio halla que los niños que participan en el programa preescolar de EE. UU. tienen un peso más sano en kindergarten que los niños de edad similar que no están en el programa.

En el primer año en Head Start, los niños obesos y con sobrepeso perdieron peso con mayor rapidez que dos grupos de comparación de niños que no estaban en el programa, hallaron los investigadores. De forma similar, los niños con un peso demasiado bajo aumentaron la masa muscular más rápidamente.

"Participar en el Head Start podría ser una estrategia efectiva y de amplio alcance para la prevención y el tratamiento de la obesidad en los niños en edad preescolar estadounidenses", dijo la investigadora principal, la Dra. Julie Lumeng, profesora asociada del Centro de Crecimiento y Desarrollo Humano de la Universidad de Michigan.

El programa Head Start, financiado por el gobierno federal, es gratis para los niños de 3 a 5 años que viven en la pobreza, y les ayuda a prepararse para el kindergarten. El programa está diseñado para crear relaciones familiares estables, mejorar el bienestar físico y emocional de los niños y desarrollar unas fuertes habilidades de aprendizaje.

Los beneficios para la salud, incluyendo la pérdida de peso, parecen ser una consecuencia del programa, dijo el Dr. David Katz, director del Centro de Investigación y Prevención de la Universidad de Yale.

"Este estudio sugiere, y esto es importante, que algunas de las mejores estrategias para controlar el peso y promover la salud podrían tener poco que ver directamente con ambas", dijo Katz, que no participó en el estudio.

Head Start podría aportar una rutina estructurada y supervisada de la que se carece en casa, sugirió Katz. "Quizá el programa fomente mejor la salud mental en los niños, lo que a su vez lleva a comer mejor", dijo.

"Independientemente de cuáles sean los mecanismos exactos, al fomentar el bienestar de un modo, tendemos a fomentarlo de otros modos, incluso sin proponérnoslo", señaló Katz. "La esencia de este estudio es la naturaleza holística de la salud social, psicológica y física".

Casi una cuarta parte de los niños con edad preescolar en Estados Unidos tienen sobrepeso u obesidad, y las tasas de obesidad de los que participan en Head Start son más altas que los estimados a nivel nacional, indicaron los autores del estudio. Dado que la obesidad en la infancia tiende a continuar hasta la adultez, a los expertos les preocupa que estos niños estén en riesgo de problemas futuros de salud.

Para realizar el estudio, el equipo de Lumeng recogió los datos de más de 43,700 niños en edad preescolar de Michigan entre 2005 y 2013. Más de 19,000 participaban en Head Start. La información del resto (5,400 de los cuales estaban en Medicaid, el programa de seguro financiado con dinero público para los pobres) provino de dos grupos de atención sanitaria primaria. No se indicó si estos niños participaban en otro programa preescolar.

Al inicio del estudio, aproximadamente un tercio de los niños que estaban en Head Start eran obesos o tenían sobrepeso, frente al 27 por ciento de los que estaban en Medicaid y menos del 20 por ciento de los niños que no estaban en Medicaid.

"Aunque los niños del grupo de Head Start empezaron el periodo de observación siendo más obesos, con el mismo sobrepeso, y con menor peso del normal que los niños de los grupos de comparación, al final del periodo de observación los niños que inicialmente estaban obesos y tenían sobrepeso de Head Start tenían notablemente menos obesidad y sobrepeso que los niños de los grupos de comparación", escribieron los autores.

Lumeng dijo que el énfasis en la buena nutrición y el ejercicio podría explicar parcialmente la ventaja percibida en Head Start.

"Los programas de Head Start deben adherirse a unas directrices dietéticas específicas", dijo. "Quizá sirvan a los niños comidas más saludables en Head Start que a los otros niños".

Además, Head Start requiere una cierta cantidad de juego activo al día, dijo Lumeng. "Así, los niños que atienden a Head Start podrían tener más oportunidades de realizar actividad física que otros", explicó.

La rutina diaria podría traducirse en menos tiempo delante de la televisión y unos horarios de sueño más regulares, señaló. "Sabemos que dormir mejor está relacionado con menos obesidad", añadió.

"[También] podría ser que cuando los niños van a Head Start, se reduce el estrés en casa y se libera tiempo y recursos en casa para dedicarlos a unos patrones de alimentación más sanos", indicó.

El informe aparece en la edición en línea del 12 de enero de la revista Pediatrics.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Julie Lumeng, M.D., associate professor, University of Michigan Center for Human Growth and Development, Ann Arbor, Mich.; David Katz, M.D., M.P.H., director, Yale University Prevention Research Center, New Haven, Conn.; February 2015 Pediatrics

Publicado en: HealthDay
(c) Derechos de autor 2015, HealthDay

lunes, 5 de enero de 2015

TDAH: guía para padres sobre medicamentos



¿Es difícil que su hijo se esté quieto? ¿Su hijo actúa sin pensar primero? ¿Empieza por hacer algo y no lo termina? Si es así, es posible que padezca del trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Casi todas las personas a veces muestran algunas de estas conductas, pero el TDAH persiste más de 6 meses y causa problemas en la escuela, el hogar y en circunstancias de carácter social.

El TDAH es más común entre los niños que entre las niñas y afecta entre el 3 y el 5% de los niños en los Estados Unidos.

Las principales características del TDAH son:

  • Falta de atención
  • Hiperactividad
  • Impulsivida

No se sabe exactamente cuál es la causa del TDAH. Existe una tendencia familiar, de modo que puede haber factores genéticos. Algunos factores ambientales también pueden influir.

Una evaluación completa realizada por un profesional capacitado es la única manera de saber con seguridad si su hijo padece de TDAH. El tratamiento puede incluir medicinas para controlar los síntomas, terapia o una combinación de ambos. La estructura del hogar y la escuela también son importantes. El entrenamiento para los padres también puede ayudar.

Descargar guía para padres

NIH: Instituto Nacional de la Salud Mental
Fuente: Asociación Psiquiátrica Americana, Academia Estadounidense de Psiquiatría del Niño y del Adolescente - PDF



MedlinePlus Información de salud para usted

martes, 23 de diciembre de 2014

Consejos de seguridad y de la salud mental para las fiestas de fin de año




Las fiestas de fin de año son una época muy emocionante para los niños y para ayudarle a que tengan una temporada segura, la American Academy of Pediatrics (AAP) le brinda aquí algunos consejos.

Árboles navideños

  • Cuando adquiere un árbol artificial, busque que la etiqueta indique que es “resistente al fuego”.
  • Cuando adquiera un árbol natural, verifique que esté recién cortado. Un árbol recién cortado es de color verde, las hojas son difíciles de arrancar de las ramas y no se quiebran cuando las dobla entre los dedos. La parte inferior del tronco de un árbol recién cortado (por donde se taló) está pegajosa por la resina, y cuando se golpea el árbol sobre el piso no deben caerse muchas hojas.
  • Cuando traiga un árbol a su hogar, colóquelo lejos de chimeneas, radiadores o calentadores portátiles. Coloque el árbol de tal forma que no obstruya los lugares por donde camina, y no bloquee las entradas.
  • Corte algunas pulgadas (unos 5 centímetros o más) del tronco del árbol para exponer la madera fresca. Esto permite mejor absorción de agua y ayudará a evitar que su árbol se seque y se convierta en un peligro de incendio.
  • Asegúrese de mantener lleno el depósito de agua del soporte porque las habitaciones con calefacción pueden secar los árboles naturales con rapidez.

Luces

  • Revise todas las luces para árbol, incluso si las acaba de adquirir, antes de ponerlas en su árbol. Asegúrese de que todas las bombillas funcionen y de que no haya alambres rotos o descubiertos, portalámparas rotos o conexiones sueltas.
  • Nunca use luces eléctricas sobre un árbol metálico. El árbol puede quedar cargado con electricidad por luces defectuosas y una persona que toque una rama podría electrocutarse.
  • Algunos cables de luces contienen plomo en la base de la bombilla y en el alambre para revestimiento y a veces en grandes cantidades. Asegúrese de que sus luces estén fuera del alcance de niños pequeños que podrían llevárselas a la boca; y lave sus manos después de manipularlas.
  • Antes de usar luces en exteriores, revise las etiquetas a fin de asegurarse de que estén certificadas para uso en exteriores. Para mantener las luces en su lugar, use ganchos o grapas aisladas, no clavos ni tachuelas. Nunca jale las luces para quitarlas.
  • Conecte en circuitos todos los adornos eléctricos para uso en exteriores con interruptores de circuito conectados a tierra con el fin de evitar posibles descargas eléctricas.
  • Apague todas las luces cuando vaya a acostarse o a salir de su hogar. Las luces podrían tener un cortocircuito y empezar un incendio.

Adornos

  • Sólo use materiales no combustibles o resistentes a las llamas para adornar un árbol. Elija oropel o carámbanos artificiales de plástico o metales sin plomo.
  • Nunca use velas encendidas en un árbol o cerca de otros árboles de hoja perenne. Siempre use portavelas resistentes al fuego, y coloque las velas donde no se les pueda derribar.
  • En hogares donde hay niños pequeños, tenga especial cuidado de: evitar adornos afilados, puntiagudos o que puedan romperse; mantener fuera del alcance de los niños los adornos que tengan partes pequeñas que se puedan quitar, a fin de evitar que se traguen o inhalen las piezas pequeñas  evitar adornos que tengan aspecto de dulce o alimento que puedan tentar a un niño de corta edad a comerlos.
  • Use gafas protectoras y guantes para evitar irritación de los ojos y de la piel mientras decora con lana de vidrio “pelo de ángel". Para evitar irritación de los pulmones mientras decora con nieve artificial en aerosol, siga al pie de la letra las instrucciones que vienen en el recipiente.
  • Después de que se abran los regalos, quite de las áreas del árbol y de la chimenea todas las envolturas de papel, bolsas, papel, cintas y lazos. Estos artículos pueden plantear peligros de asfixia para un niño pequeño, o causar un incendio si están cerca de una llama.
  • Mantenga plantas decorativas que pueden ser tóxicas fuera del alance de los niños, incluyendo: bayas de muérdago, bayas o tomatito de Jerusalén y bayas de acebo.

Seguridad de los juguetes

  • Seleccione juguetes idóneos para la edad, las habilidades y el interés del niño para el cual están destinados. Los juguetes demasiado avanzados pueden plantear peligros de seguridad para niños de más corta edad.
  • Antes de comprar un juguete o de permitir a su hijo que juegue con un juguete que ha recibido como regalo, lea detenidamente las instrucciones.
  • Para prevenir tanto quemaduras como descargas eléctricas, no dé a niños de corta edad (de menos de 10 años) un juguete que deba conectarse a una toma de corriente eléctrica. En lugar de eso, adquiera juguetes que funcionan con pilas.
  • Los niños pequeños se pueden asfixiar con partes pequeñas contenidas en juguetes o juegos.
  • Los reglamentos gubernamentales estadounidenses especifican que los juguetes para menores de tres años no pueden tener partes de menos de 3.2 cm (1 1/4 pulgadas) de diámetro y 5.7 cm (2 1/4 pulgadas) de largo.
  • Los niños se pueden enfermar gravemente del estómago o tener problemas intestinales – incluso la muerte – después de tragar pilas tipo botón o imanes. Fuera de los juguetes, las pilas tipo botón suelen usarse con frecuencia en tarjetas musicales de felicitación, controles remotos, audífonos y otros electrodomésticos pequeños. Imanes pequeños y de gran poder se encuentran en muchos hogares en juegos de construcción para niños. Mantenga las pilas tipo botón y los imanes fuera del alcance de los niños de corta edad y llame de inmediato a su proveedor de atención médica si su hijo ha tragado uno de estos.
  • Los niños se pueden asfixiar con globos no inflados o rotos; no permita que los niños menores de 8 años jueguen con ellos.
  • Quite las etiquetas, cordones y los lazos de los juguetes antes de dárselos a niños de corta edad.
  • Vigile los juguetes para jalar que tengan cuerdas de más de 30.5 cm (12 pulgadas) de largo. Podrían ser un peligro de estrangulación para los bebés.
  • Los padres deben guardar los juguetes en un lugar designado, como en un estante o en un baúl para juguetes y mantener los juguetes de niños mayores fuera del alcance de los niños pequeños.

Seguridad de los alimentos

  • Suele haber bacterias en los alimentos crudos. Cocine totalmente las carnes de res, cerdo y ave, y lave meticulosamente las verduras y las frutas crudas.
  • Asegúrese de mantener los líquidos y alimentos calientes lejos de los bordes de mesas de cocina y de comedor, donde las manos exploradoras de un niño de corta edad pueden volcarlos fácilmente. Asegúrese de que los niños pequeños no puedan tener acceso a hornos de microondas.
  • Lávese las manos con frecuencia, y asegúrese de que sus hijos hagan lo mismo.
  • Nunca vuelva a meter a la comida una cuchara que haya usado para probarla; lave antes la cuchara.
  • Siempre mantenga separados los alimentos crudos de los cocidos, y use utensilios separados cuando los prepare.
  • Siempre deshiele la carne en el refrigerador, nunca sobre la mesa de la cocina.
  • Los alimentos que requieren refrigeración nunca deben dejarse a temperatura ambiente durante más de dos horas.                  

Consejos para la salud mental durante las fiestas de fin de año

  • Cuide su bienestar. Así como lo anuncian en un avión: “en caso de una emergencia, póngase su propia máscara de oxígeno primero y después ayude a los niños que viajan con usted a ponérselas”. Los niños responden al tono emocional de los adultos importantes en su vida, así que si controla sus emociones con eficacia, ayuda a sus niños a controlar mejor la suyas también.
  • Haga planes para concentrarse en una cosa a la vez. Intente estrategias para mantenerse "atento" para conseguir un equilibrio entra la prisa y el alboroto de las cosas como ir de compras, cocinar, y las reuniones de la familia durante los días de fiesta: deténgase y preste atención a lo que está sucediendo en el momento, enfoque su atención en una cosa, percátese de cómo se está sintiendo en ese momento, evite emitir juicios de inmediato y descubra lo que les está brindando la experiencia.
  • De algo a los demás. Inicie una nueva tradición para los días festivos dando algo de su tiempo a las familias menos favorecidas, por ejemplo, si su niño tiene la edad suficiente, exhórtelo a que se ofrezca voluntariamente a servir una comida el día de fiesta en un banco de alimentos o en un refugio de su comunidad. Ayude a su niño a escribir una carta a los miembros de las fuerzas armadas estacionados en el extranjero que no podrán estar en sus hogares con su propia familia durante los festivos.
  • Mantenga las mismas rutinas. Aténgase lo más que pueda a los horarios habituales para las comidas y para ir a dormir para reducir el estrés y ayudar a que su niño disfrute más de los días festivos.
  • Mantenga las reglas de su hogar en efecto. ¡Los adultos tienen que continuar pagando las cuentas y los niños tienen que cepillarse los dientes antes de ir a dormir!
  • Enseñe a sus niños las cosas que deben saber para estar preparados para las fiestas con semanas o meses de anticipación. Por ejemplo, si usted planea tener una cena formal, sentados a la mesa, practique por anticipado haciendo una cena formal cada domingo en la noche. 
  • No se sienta obligado a gastar más de la cuenta.  Haga planes para comprar uno o dos regalos en vez de comprarlo todo. Ayude a su niño a hacer su propio regalo para su padre o madre, los abuelos, o para otros adultos y amigos importantes. Lo más probable es que estos regalos sean los más apreciados y le enseñarán a su niño muchas cosas importantes que no se puede comprar con los regalos de un almacén.
  • Lo más importante de todo es que disfruten las fiestas de fin de año y lo que realmente significan, una temporada especial para pasar con la familia. Ya sea que se reuna en familia para hacer cosas como deslizarse en trineos o para jugar a juegos de mesa, o para visitar parientes, vecinos y amigos.
Fuente: 
healthy children:  desarrollado por pediatras.  Respaldado por los padres.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Power Brain

BRAIN POWER: From Neurons to Networks


Es la tercera película de la nube de la serie "Let it Ripple: Mobile Films for Global Change". Están disponibles para la personalización libre para cualquier organización sin fines de lucro que trabaje para hacer una diferencia en el mundo.

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La obesidad y la depresión a menudo van de la mano, según un estudio

La naturaleza de la conexión no está clara, pero ambas afecciones pueden tratarse, afirman los expertos

Imagen de noticias HealthDay

La depresión y la obesidad tienden a ir de la mano, informaron las autoridades sanitarias de EE. UU.

La combinación era tan habitual que el 43 por ciento de los adultos con depresión también eran obesos, según el informe. La asociación fue incluso más prevalente para las personas que toman antidepresivos: el 55 por ciento de estos pacientes también eran obesos.

La autora del reporte, Laura Pratt, epidemióloga del Centro Nacional de Estadísticas de Salud de EE. UU., no pudo explicar por qué o de qué modo la obesidad y la depresión aparecen relacionadas tan a menudo.

“Solamente estamos describiendo la relación, pero no tenemos todavía ningún dato que nos permita responder al porqué”, dijo.

Los investigadores sí saben que a medida que aumenta la gravedad de la depresión, también aumentan las probabilidades de ser obeso, dijo Pratt. Sin embargo, el estudio no probó que hubiera causalidad.

Además, el sexo y la raza influían en la conexión entre la obesidad y la depresión. Según el informe, las mujeres que sufrían de depresión tenían más probabilidades de ser obesas que las mujeres que no estaban deprimidas, independientemente del grupo de edad.

Además, un número mayor de mujeres blancas que sufrían de depresión eran obesas que las mujeres blancas con un peso normal. Esta relación no se observó en las mujeres negras ni en las de origen mexicano, hallaron los investigadores.

Tony Tang, profesor adjunto en el departamento de psicología de la Universidad de Pensilvania, ofreció algunas teorías sobre la conexión.

“Tanto la depresión como la obesidad tienen un impacto en muchos aspectos de la vida, y su relación es naturalmente compleja. Algunas de las conexiones son obvias: La obesidad puede provocar una autoestima baja, el aislamiento social y problemas de salud estresantes. Todas estas cosas pueden provocar una depresión. La depresión puede llevar a algunos pacientes a darse atracones de comida y a volverse obesos”, dijo.

La relación es bidireccional, indicó Tang. “Muchos aspectos del estilo de vida moderno pueden provocar tanto depresión como obesidad”, dijo.

Por ejemplo, muchas personas pasan horas viendo la televisión en casa a solas, jugando videojuegos, mirando porno en internet o conduciendo para ir al trabajo, actividades en las que no se queman calorías. Estas actividades también aíslan a las personas, dijo Tang.

“El aislamiento social es el factor de riesgo más importante de depresión, porque el respaldo social puede proteger a las personas de otros factores de riesgo de depresión dañinos”, indicó.

Otro vínculo habitual podría ser la dieta, señaló Tang. Comer en exceso y los hábitos alimentarios malsanos pueden aumentar las probabilidades de depresión y obesidad, dijo.

Los medicamentos para la depresión podrían jugar un papel, dijo Tang. “Se sabe que unos pocos antidepresivos populares, como Paxil, provocan aumentos en el peso. Wellbutrin, un tipo distinto de antidepresivo, podría ayudar en la pérdida de peso”, dijo.

Simon Rego, director de entrenamiento en psicología del Centro Médico Montefiore y del Colegio de Medicina Albert Einstein en la ciudad de Nueva York, afirmó que la psicoterapia puede resultar útil.

“En concreto, la terapia conductual, que normalmente enfatiza la activación conductual, podría ser particularmente útil aquí, ya que un componente de la terapia está diseñado para afrontar la inercia al hacer que los pacientes empiecen a programar y a aumentar poco a poco su nivel de actividad, lo que en teoría llevaría a un aumento de sus probabilidades tanto de mejorar su estado de ánimo como de perder peso”, señaló Rego.

Tang añadió que “llevar un estilo de vida más sano, comer alimentos saludables, beber solamente con moderación, pasar menos tiempo delante de la televisión y en internet, y pasar más tiempo haciendo ejercicio puede ayudar a evitar tanto la depresión como la obesidad”.

Fuente: MedlinePlus
Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Laura Pratt, Ph.D., epidemiologist, National Center for Health Statistics, U.S. Centers for Disease Control and Prevention; Tony Tang, Ph.D., adjunct professor, department of psychology, University of Pennsylvania, Philadelphia; Simon Rego, Psy.D., director of psychology training, Montefiore Medical Center/Albert Einstein College of Medicine, New York City; Oct. 16, 2104, report, Depression and Obesity in the U.S. Adult Household Population, 2005-2010

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