miércoles, 12 de junio de 2013

Intervención en la psicomotricidad infantil



La psicomotricidad es la disciplina que estudia la motricidad humana en su naturaleza dinámica, significativa e integradora y en sus funciones adaptativa, expresiva, relacional, comunicativa y cognitiva.

La intervención psicomotriz es un conjunto de acciones intencionadas e intencionales que realizamos a partir y a través del movimiento para promover el desarrollo armónico de la persona, la integración de sus funciones y el acceso y sostén de la comunicación base de socialización.

La intervención psicomotriz, en el marco educativo, pretende incidir en tres grandes áreas acompañando al niño en:

a) Construcción de la conciencia corporal.

b) Desarrollo de sus capacidades de orientación, organización y estructuración del espacio y del tiempo.

c) Desarrollo de sus habilidades motrices. El objetivo es que el niño pase de unas formas de movimientos básicamente orgánicas e impulsivas organizadas alrededor de fenómenos biológicos y neurológicos concretos, como en los primeros años de vida, a formas de movimiento integrador organizado alrededor de los tres grandes ejes del desarrollo:

1. Madurativo.
- Imitación de movimientos y posturas.
- Marcha, carrera, salto, trepar, cambios posturales, equilibrios…piramide[1]

2. Psicoafectivo.
- Construcción de la imagen corporal.
- Vivencia afectiva del espacio y del tiempo.
- Juego simbólico.

3. Social.
- Juego en parejas o en pequeños grupos.
- Puesta en común verbal…

La intervención psicomotriz debe precisarse teniendo en cuenta su finalidad, sus medios y sus instrumentos, factores estos que delimitan la intencionalidad educativa que queremos darle.

El proyecto de intervención se organiza alrededor de dos grandes ejes:

1) Las sesiones partirán de una propuesta general abierta que enmarcará la actividad y que incidirá en las tres grandes áreas de intervención de psicomotricidad. El juego que surge en el marco de esta propuesta global ofrece la oportunidad de manifestarse espontáneamente eligiendo la actividad, los compañeros y el material disponible preferido sin demasiadas restricciones.

2) En función de la finalidad del proyecto la propuesta general de cada sesión se irá reformulando durante la sesión con la “condición” que acotará la actividad del niño poniéndolo especialmente en relación con el “otro”. La “condición” es el elemento que permite profundizar en la educación de valores. Su introducción ofrece la posibilidad de construirse a través de la relación con el otro, de identificar y vivir por una parte los límites que toda relación conlleva y por otro el enriquecimiento que supone “poner en juego” actitudes y valores.

La relación que debe crearse entre el psicomotricista y el niño debe mantener una doble característica. Por una parte, debe ser una relación asimétrica en la que el psicomotricista deviene una imagen de orden, seguridad y autoridad que enmarca las sesiones y señala los límites y referencias de las actividades y por otra parte, debe poder compaginar la primera con una relación simétrica persona – persona cara a cara siendo un compañero real de juego para el niño.

El papel del psicomotricista debe concretarse en:

a) Momentos de observación en la dinámica del curso.

b) Momentos de reconocimiento y valoración de la actividad y producciones de los niños acercándonos a sus espacio de juego, mirándolos con admiración, haciéndoles algún comentario y poniendo palabras a sus acciones…

c) Momentos, de acuerdo con lo observado de intervención dirigida a situaciones o niños concretos de acuerdo con el proyecto de intervención grupal o individual.

Referencia bibliográfica:

Franc Batlle, N. (2001). La intervención psicomotriz en educación. Revista Iberoamericana de Psicomotricidad y Técnicas Corporales, (1), 5-18. Obtenido el 20 de abril de 2011, de http://www.iberopsicomot.net/2001/num1/1articulo1.pdf

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