martes, 26 de junio de 2012

No sólo de pan… hablemos de emociones y pobreza














La pobreza no sólo incluye carencias materiales como la falta de alimento, agua y educación; también considera carencias emocionales como la falta de autoestima, la seguridad y el apoyo emocional. Su solución no sólo depende del gobierno, sino también de usted.

Existe una vasta literatura de psicología, neurología, y economía sugiriendo que los factores socio-ambientales afectan el desarrollo cognitivo y emocional de los infantes.  Desde la concepción hasta los 5 años de vida comienza a formarse la base del desarrollo cognitivo y emocional del niño. La calidad de este desarrollo en gran parte dependerá del cuidado” que el infante reciba, es decir, de los bienes y actividades que permiten a las personas alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un hábitat propicio.

Por otro lado, estudios en Chile, Brasil, México, Ecuador y Colombia, entre otros, sugieren que niños que crecen en hogares pobres son más propensos a presentar déficits en desarrollo mental y emocional. Generalmente, este déficit se asocia al mayor estrés y violencia del ambiente donde vive el niño, a carencias nutricionales, afectivas y de estímulo cognitivo. Esto sugiere que un niño con cuidado deficitario en su etapa prescolar, comienza en desventaja su siguiente etapa, que es la escolar. Es muy importante notar que lo anterior no significa que el niño no tenga a oportunidades de disminuir esta brecha, pues un estudio realizado por la OECD señala que el cerebro se va moldeando constantemente a través de las experiencias, por lo tanto, se puede disminuir la brecha. Eso si, mientras antes mejor.



Entre los 6 a 18 años es deseable que los niños y jóvenes vayan al colegio y que interactúen principalmente con sus pares y adultos pertenecientes al sector donde viven, al colegio y con  la familia. El colegio debería mejorar su desarrollo cognitivo y socioemocional. Lamentablemente, no todos  cuentan con esa oportunidad. El Índice de Oportunidad Humana (IOH), que mide acceso e igualdad de distribución de 5 bienes básicos, dentro de ellos, el porcentaje de niños que termina el sexto grado de primaria a los 13 años, estima que en América Latina en el 2005 solo el 62 por ciento de la población mencionada lo logró. Esta cifra llama la atención cuando se observa que el porcentaje de cobertura de la educación entre 6 y 12 años en el 2005 para la región es cercana a 95 por ciento, y adicionalmente, el promedio de la región de la parte del IOH que mide la oportunidad de los niños entre 10 y 14 años de ir al colegio es 90 por ciento. Dado que el puntaje de la prueba PISA dice que la calidad de la educación es deficiente en la región, la explicación que los niños no terminen a tiempo la educación primaria, a pesar de estar inscritos en el colegio, no parece ser el principal problema. Esto sugiere que mejorar la calidad de la educación es un factor necesario, pero no suficiente para superar la pobreza. Es necesario mejorar la calidad de educación para todos, sin embargo, los niños que comienzan la etapa escolar con una brecha necesitan aún mayor atención. 

Lamentablemente, lo que obtienen no es mayor atención, si no, lo contrario. Dado que no solo es más probable que los hogares pobres se ubiquen en barrios donde hay más criminalidad y violencia, si no también los padres sufren más estrés y presentan mayor frecuencia de depresión, entre otros; niños crecidos en estos hogares son más propensos a presentar problemas de comportamiento que irritan a sus profesores y pares; quienes  en vez de integrarlos, los aíslan pues ven el resultado y no la causa de su mal comportamiento. Adicionalmente, las consecuencias no serán las mismas para un joven que creció en un hogar que solamente carecía de dinero, que para un joven que además creció en un barrio violento, donde el  uso de drogas era “pan de todos los días”  y la delincuencia el trabajo de sus vecinos. “Niños pobres tienden a imitar a sus pares mientras que aquellos de clase media y alta tienden a buscar diferenciarse de sus pares, ya sea a través del deporte, estilo personal, sentido del humor, o identidad social”. Esto sugiere que el tipo de política pública específica para niños y jóvenes pobres debe identificar el medio ambiente donde el niño se desarrolla.

Niños que no superan la brecha en capacidad de aprendizaje se frustrarán al repetir grado, y si adicionalmente son aislados por sus profesores y pares por su mal comportamiento, los incentivos de ir al colegio son bastante bajos y abandonan la escuela, siendo este su primer fracaso social.  La evidencia dice que las mayores tasas de deserción escolar en los quintiles de ingresos más bajos, se deben principalmente a factores económicos, repetición y falta de interés. No es sorprendente que exista cerca de un 18 porciento de jóvenes entre 15 y 18 anos que no estudia ni trabaja.

Dicho lo anterior, no es novedad que en América Latina la movilidad social sea más baja en el extremo más pobre. El mercado laboral valora las habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Estos jóvenes carecen de todas ellas ya que en gran parte su familia no les brindó el cuidado mínimo necesario para desarrollarse como personas y la sociedad no solo no los apoyó, sino que también los aisló y humilló.  Un pequeño cambio, como no despreciar a quien está a su lado, puede marcar una gran diferencia en la vida de una persona. ¡Piénselo!
La carrera de obstáculos empieza temprano, ameritan una mirada de ciclo de vida y el compromiso de todos.

— Blog Humanum
revistahumanum.org
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